jueves, agosto 16, 2007

¡Qué bonitas son las pompas de jabón!

Recuerdo con nostalgia esos veranos en mi infancia con mi hermano cuando, enfundado en una camiseta de Munich 76 y dentro de mis calzoncillos con sus dos costuritas en el frente, mi madre nos ponía el mistol en un poco de agua y nos lo suministraba, junto a un par de pajitas, para que dejaramos el espacio libre y pudiera proceder con la limpieza diaria.


Qué tiempos... y, ¡qué bonitas las pompas de jabón!

Se producía una ilusión infinita mientras las veías crecer y dejarse acariciar por mil colores para, al rato, acabar explotando salpicandonos de ese olor característico del famoso lavavajillas. Algunas, las más afortunadas, se dejaban llevar por el viento para para otear desde otra perspectiva las calles desiertas bajo el calor de agosto.

Pero siempre explotaban. Antes o después lo acababan haciendo. Así es la dualidad de la burbuja, te lleva a la mejor de las emociones con la misma velocidad con la que te hunde en la tristeza. Y, a por otra.

Pasados los años volví a ver algunas de muy bonitas, también. Esas duraron más tiempo, meses e incluso años, pero también acabaron por reventar. En el 2000, más o menos, reventaron todas. Hoy leo en El País una noticia que habla de otra burbuja que también se hizo muy grande a pesar de que parecía que a la edad adulta era más difícil dejarse encandilar por tan bello espectáculo visual.

Parece que no. No hemos aprendido demasiado. Seguimos llenando los vasos de agua y mistol y alguien se encarga de seguir proporcionando pajitas para que sigan soplando.

En El País, "Second Life está desierto".